'Nits cosides', canciones

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Josep Vicent Frechina

Hay músicas que parecen cinceladas en la noche, que hacen olor a noche, que exudan noche por todos los repuntes del pentagrama. Poseen algo en su fisionomía, en la sentimentalidad que atrapa su arquitectura, en la emoción que inspiran en quien las escucha, que remiten inevitablemente al universo nocturno y nos remueve las sombras recónditas que todos escondemos bien adentro. No son necesariamente músicas afligidas o trágicas, hechas con textos lúgubres y melodías oscuras: su nocturnitat tiene más bien poco que ver con la naturaleza de los elementos que las integran. Obedece a razones más sensuales que racionales, a un vínculo estrecho y profundo con la misma sensualidad de la noche, un momento reservado para la duda y la melancolía, cuando se da suelta a los fantasmas interiores y, por bien acompañado que uno esté, la soledad impone su incontestable jerarquía. Tengo la impresión de que Artaica, con el tratamiento dado a las canciones incluidas en este estreno discográfico, las han querido pintar de noche, iluminarlas de noche, perfumarlas de noche. Tanto da que sean canciones imaginadas bajo el sol más violento del mediodía —como “Picaina”, que insinúa facciones de canto de trilla—, antiguas balades trasmudadas en sonsonete infantil —la bien conocida “Mariner”— , o desenfadadas piezas klezmer escritas para escandir la alegria desatada de una boda —“Lustige Hasidim”—. Todas se transforman cuando se les ciñe el vestido —piano, contrabajo, clarinete o violín...—, se trasladan a un escenario matizado de claroscuros y se tensa sutilmente su cuerda melancólica. Entonces, abandonan la familiaridad de sus melodías y su misma condición original —baladas tradicionales, habaneras, cantos de trilla, cant d’estil, jotas o parados de nueva planta...— para conformar un género inédito, por explorar, ungidas de una nueva expresividad urbana y nocturna que hasta ahora escondían latente. No os extrañéis, pues, si cuando las escucháis percibís una leve y remota turbación: será seguramente la vibración por simpatía, estimulada por el perfume de la noche que ahora exhalan todas estas canciones, de vuestras más íntimas y secretas oscuridades.